5 de mayo de 2026
Equipo BiciDatos
En el marco del pensamiento decolonial y de los estudios culturales, la modernidad nos ha impuesto una forma de vida que niega la vida misma en favor de la productividad y el objeto. Miriam, es chef de profesión y activista por el ciclismo con una trayectoria de más de 10 años en organizaciones vinculadas al uso de la bicicleta. A sus 63 años, describe un inicio marcado por el "tocar fondo". Perder el trabajo y la estructura familiar tradicional es, en realidad, el colapso del "yo" moderno individual. Su encuentro con la bicicleta a los 52 años no fue un pasatiempo; fue un acto de resurgimiento y de volver a encontrarle un sentido a la vida del sujeto. En ese sentido, manejar bicicleta en Cochabamba se convierte en una praxis, es decir, es una acción que transforma la realidad del sujeto “oprimido” por la edad y el género en una potencia de vida.
La ciudad de Cochabamba, desde el periodo colonial fue dividida en dos: la zona norte, privilegiada, con mayor avance y donde vive la “gente bien”; mientras que la zona sur denominada la periferia, descuidada por las autoridades y con altos niveles de inseguridad. En la narrativa de Miriam, la zona sur de Cochabamba aparece como un espacio de agresividad y abandono estatal. De ahí su preferencia por la zona norte para realizar sus viajes en bicicleta.
Además, el transporte pesado y público en la zona sur no solo es hostil por falta de infraestructura, sino por la cultura que Miriam identifica como "machista" y "agresiva". Cuando Miriam es insultada por ser una "mujer vieja manejando bicicleta", estamos ante la interseccionalidad del desprecio vinculada a la edad y al machismo. El insulto es la herramienta que intenta desplazar a la mujer del espacio público.
En ese sentido, Miriam señala: "en la zona sur, mi edad me procura un insulto... dicen ¿qué hace esta vieja mujer manejando bicicleta?". No obstante, aquella declaración es vital porque la bicicleta se convierte en el instrumento con el que Miriam reclama su derecho a la ciudad, desafiando la lógica del automóvil como símbolo de estatus y poder masculino (teniendo en cuenta que las mujeres también son criticadas cuando manejan automóvil). E incluso luchando contra el estigma de la edad, de la agresión y el machismo.
Los estudios culturales y la decolonialidad, enfatizan en la necesidad de recuperar nuestro sentido de comunidad con la finalidad de reproducir la vida. Por ello, el proyecto de Miriam, Purisquiris Aventureros, es un ejemplo de esta transición del individuo de la sociedad hacia la comunidad. En este caso se trata de una comunidad de ciclistas que se reúnen de manera periódica para hacer recorridos en bicicleta.
Sin embargo, dentro del mismo grupo de Purisquiris hay quienes son criticados por ser "lentos", esto proviene de los jóvenes imbuidos en la lógica de la competencia y el individualismo. Pero, Miriam reivindica esa lentitud como una forma de inclusión para el adulto mayor que a menudo sufre la soledad de la jubilación y, en la comunidad, se intenta volver a darle un nuevo sentido a su vida. Además, en sus rutas, Miriam aplica estrategias de protección, por ello menciona que "jamás se debe dejar sola a una persona"; con esto, se rompe con la ética del individualismo. Por tanto, el grupo no busca llegar primero, busca que todos lleguen.
En la actualidad, el uso de la bicicleta es considerado fuera de lo común, dado que las calles y avenidas fueron diseñadas para la lógica “moderna” del automóvil, también porque el uso de la bicicleta se convierte en un mecanismo para la vida, que no es comprendido por las lógicas mercantiles y productivas. Por ello, Miriam no ve la bicicleta como un fetiche o una mercancía; la ve como su "misión de vida".
Miriam señala que sus colegas gastrónomos sufren enfermedades por el sedentarismo. En cambio, la bicicleta descoloniza el cuerpo del trabajador, devolviéndole el tiempo, la salud y el movimiento que la oficina y la cocina industrial le quitan por el trabajo. Mientras que el auto "pasa con mayor velocidad" y reduce el trayecto a un costo de tiempo menor, la bicicleta permite disfrutar del aroma, el árbol y el paisaje. Es el paso de la "naturaleza como recurso" a la "naturaleza como hogar". Y es lamentable como, hoy en día, la naturaleza está siendo convertida también en mercancía.
El activismo de Miriam no se limita al pedal. Su participación y su horizonte es la creación de leyes y reglamentos en la búsqueda de una soberanía política desde la sociedad civil. Al fundar Mujeres en Bici Cocha, ella aborda la vulnerabilidad específica del cuerpo femenino frente al acoso vial (insultos, “piropos”, manoseos, robos, entre otros). No pide permiso para circular, no hay licencia para manejar bicicleta; así, ella construye las condiciones para que otras mujeres dejen de ser "objetos" de acoso y se conviertan en "sujetos" de su propio movimiento, e incluso como ella, en constructoras de su propio destino.
Entablando un diálogo con Miriam, sobre la vejez y la no tenencia de hijos, se plantea una pregunta fundamental: ¿Quién nos cuidará? Miriam responde con la comunidad de contención. Se trata de una suerte de propuesta decolonial de Miriam argumentando que la bicicleta es el vehículo para construir esa nueva familia de elección, una que no depende de la sangre, sino del ritmo compartido del pedal que se produce en comunidad. En esa línea, esto es volver a la comunidad para que la vida sea posible cuando el sistema nos declare "inservibles" por el estigma de la edad y del machismo.
A continuación presentamos algunas bicirutas de liberación de la comunidad ciclista de Miriam en Cochabamba, para ello hacer clic en la imagen:
Entrevista y redacción: Santiago Torrico Molina.
Recolección de datos: Walter Padilla Oliva.
Programación: Abigail Roque Miranda.