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Economía circular, la experiencia de BRIZ en la reconstrucción del espacio público en Cochabamba


18 de agosto de 2026


Santiago Torrico


I. Introducción


La ciudad contemporánea, configurada bajo los imperativos del capital y la modernidad eurocéntrica, ha transformado el espacio público en una red de corredores para la circulación de mercancías y automóviles. El sistema capitalista convierte los objetos, como el automóvil y la infraestructura de cemento, en el centro de la vida; mientras degrada la existencia humana y la naturaleza a meras herramientas sustituibles.
En Cochabamba, este fenómeno se traduce en una movilidad violenta donde el peatón y el ciclista son desplazados. Frentes a esta lógica extractiva y deshumanizante, surgen iniciativas desde la propia sociedad que buscan subvertir la cultura del desecho. El proyecto BRIZ, impulsado por los esposos Litzy Gutiérrez y Brayan Sandoval, constituye un caso de estudio sobre cómo la práctica privada, alineada con la economía circular y la ética de la vida, puede convertirse en un núcleo de resistencia decolonial y humanización urbana.

II. La economía circular contra la lógica del desecho


El origen de BRIZ nace de la vivencia directa de la vulnerabilidad urbana. Cuando eran estudiantes universitarios en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), Litzy y Brian sufrieron el robo sistemático de sus bicicletas dentro del campus. Esta experiencia de desposesión, en lugar de empujarlos al consumo resignado del transporte motorizado, activó un proceso de indagación y búsqueda.
Al rastrear alternativas en el mercado internacional en 2015-2016, entraron en contacto con los llamados “cementerios de bicicletas” en Lima (Perú), para luego escalar sus importaciones desde Chile y Japón. Este encuentro con lo desechado por la modernidad industrial transformó su modelo de negocio hacia la economía circular.
Dicha economía circular, exige romper con la necesidad de consumir constantemente mercancías totalmente nuevas fabricadas bajo lógicas de obsolescencia programada. Al recuperar bicicletas clásicas y reintroducirlos al mercado mediante la restauración, personalización y alquiler con garantía, BRIZ transforma la chatarra en un bien útil que sostiene la movilidad de la comunidad a bajo costo de mantenimiento. Se transita del objeto – mercancía a la herramienta para la reproducción de la vida cotidiana.


III. Perspectiva sobre la ciclomovilidad


Falta aun mucho por avanzar desde el sector político en el tema de la ciclomovilidad para que Cochabamba sea una ciudad sostenible, sobre todo para el ciclista que usa la bicicleta como medio de transporte diario a todos los puntos de la ciudad. Uno de los obstáculos identificados es la incontinuidad de progeso debico al cambio de autoridades, ésto retrocede casi a 0 lo avanzado.
Como BRIZ miramos con más esperanza la medida de los 10000, sin embargo ésta debe ser acompañada de medidas que garanticen su cumplimiento y esperaríamos que éstos fondos vayan dirigidos a la promoción de la ciclomovilidad en cochabamba.
Asimismo, la imposibilidad de consolidar una red de ciclovías continua no responde únicamente a la desidia estatal, sino también a las fracturas internas del movimiento. Las disputas por el protagonismo organizacional y la pretensión de erigirse como “dueños de la lucha” fragmentan las iniciativas colectivas. A esto se suma la resistencia activa de sindicatos de transporte público, quienes paralizaron proyectos intermunicipales hacia Sacaba a través del Abra, y la oposición de vecinos que rechazan el paso de ciclovías frente a sus viviendas por priorizar el estacionamiento de sus automóviles privados (como ocurrió en el parque Virrey Toledo).


IV. Inclusión, afecto y superación del egocentrismo


La decolonialidad no es una teoría abstracta; es una corporalidad recuperada que surge de la escucha al “otro” vulnerado que puede ser desde un anciano hasta cualquier ciudadano traumatizado por la violencia de la calle. En ese sentido, BRIZ ha desarrollado una flota de bicicletas inclusivas (triciclos, cuatriciclos bipersonales) que permite romper la barrera del miedo, por ello, se mencionó que el uso inclusivo de la bicicleta permite:

• Sanar traumas viales: Muchas mujeres sufrieron accidentes en la infancia y desarrollaron un pánico permanente a las dos ruedas. El diseño inclusivo y la mediación comunitaria permiten que estas personas recuperen la confianza en el pedaleo de forma progresiva.

• Derecho al goce de los adultos mayores: Familias que antes no podían participar en los “Días del Peatón” hoy movilizan a sus adultos mayores en triciclos adaptados, transformando el transporte en un catalizador de recuerdos, salud integral y afecto intergeneracional.

• Garantía y accesibilidad: Al ofrecer garantías reales en la venta de algunas bicicletas de segunda mano y establecer políticas de precios reducidos para la comunidad, se democratiza el acceso a un medio de transporte eficiente sin cargar al usuario con costos desmedidos.



V. La ética cotidiana en Cochabamba


Frente al colapso de la planificación urbanística de movilidad y la violencia del tráfico, Litzy y Brayan proponen lo que podría denominarse una ética de la convivencia urbana. La verdadera transformación de la ciudad no vendrá únicamente de un decreto municipal, sino de la transformación de los hábitos éticos diarios como, por ejemplo:

1. Ceder el paso: Pararse frente a un semáforo con el auto para ceder la preferencia al peatón, al anciano o al ciclista vulnera la jerarquía colonial de la prisa motorizada.

2. Empatía con la velocidad ajena: Entender que la ciclovía no es una pista exclusiva de carreras para ciclistas deportivos, sino un espacio compartido donde transitan niños, familias y personas que están aprendiendo a pedalear.

3. Precios y servicios comunitarios: Asumir los costos de mantenimiento y pinchazos dentro de la tarifa de alquiler para no castigar al usuario, convirtiendo la actividad económica en un servicio social de promoción de la salud.

Recuperar Cochabamba como una “ciudad ciclista” requiere entender que la bicicleta no es un simple juguete o un artículo deportivo de lujo; es un catalizador de salud integral, cultura, turismo y emancipación popular. Desde la restauración de una bicicleta vieja importada de Japón hasta el acompañamiento a un anciano sobre tres ruedas, experiencias como la de BRIZ demuestran que la reproducción de la vida humana es posible cuando se antepone la comunidad y la ética al consumo y al capital.


VI. Conclusión


La experiencia de BRIZ demuestra que la verdadera alternativa se gesta en la base comunitaria. La revalorización de lo que el consumo industrial desecha como “chatarra” no constituye una mera estrategia comercial de economía circular; más bien, representa una praxis política decolonial que restituye la dignidad del trabajo, desacopla la movilidad de la acumulación de capital y convierte el transporte sobre dos ruedas en una herramienta efectiva para la reproducción de la vida cotidiana.
Reivindicar la bicicleta en la urbe contemporánea exige trascender su concepción como bien de lujo, artefacto puramente deportivo o simple juguete recreativo. Como lo atestigua el uso de bicicletas inclusivas para integrar a adultos mayores y sanar traumas viales en personas vulnerables; por ello, la movilidad alternativa posee una dimensión profundamente pedagógica y terapéutica capaz de reparar el tejido social fracturado por el miedo y la exclusión. Asimismo, superar las tensiones internas del propio movimiento, frecuentemente dividido por disputas de protagonismo o la resistencia de gremios de transporte, requiere articular las distintas visiones de la bicicleta bajo un principio compartido de solidaridad y justicia territorial.
En última instancia, la reconstrucción de Cochabamba como una ciudad habitable depende de la consolidación de una ética del cuidado que dispute el asfalto a la prisa mercantilizada. Esta ética se practica en el territorio vial, en el acto de ceder el paso al peatón, en la autorregulación de la velocidad ante la presencia de infancias o aprendices y en la construcción de servicios comunitarios accesibles para toda la población. Frente a la alienación del espacio público privatizado por el motor, la insistencia del uso de la bicicleta se erige como una apuesta afirmativa de reexistencia urbana mediante una invitación a desmantelar la jerarquía del cemento para devolverle a la calle su condición fundamental de espacio de encuentro, salud y comunidad.




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