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Crítica a la movilidad y la moralidad urbana en Cochabamba


2 de octubre de 2026


Santiago Torrico


Crítica a la movilidad y la moralidad urbana en Cochabamba


La discusión sobre la movilidad urbana suele reducirse al cálculo de tiempos de traslado, fluidez vehicular o infraestructura de pavimento. Sin embargo, la perspectiva del ciclismo introduce una dimensión ética sobre cómo habitamos y utilizamos el espacio público. Para el activista Rodrigo Alejandro, quien desde hace más de seis años utiliza la bicicleta como su principal medio de transporte cotidiano para acceder al trabajo y abastecerse en los mercados, la bicicleta constituye una auténtica “tecnología noble”.
Esta “nobleza ciclista” estriba en la capacidad del artefacto para otorgar autonomía y libertad al ser humano sin transferir costos ambientales o sociales destructivos a la comunidad. Frente a la hegemonía del automóvil, que impone niveles insostenibles de contaminación acústica, como el ruido de los motores que incomodan a la población, la emanación de gases tóxicos, las islas de calor generadas por la (mala) pavimentación de las calles y una permanente amenaza a la vida humana, la movilidad no motorizada demuestra que la ciudad es una construcción social modificable.
En ese sentido, Rodrigo menciona que “la bicicleta es una invención tecnológica muy noble [...] otorga una libertad al ser humano en la vida en sociedad sin implicar un gran compromiso con el medio ambiente o la tranquilidad de las otras personas o la infraestructura que requiere una ciudad”.
Desde la experiencia de colectivos como Masa Crítica a la que pertenece Rodrigo, la bicicleta se reafirma como un vehículo de transformación social. Su sola presencia en la calzada cuestiona el diseño urbano concebido exclusivamente para el motor de combustión, excluyendo al ciudadano de a pie e invita a imaginar una urbe centrada en el bienestar, la tranquilidad y el cuidado mutuo entre ciudadanos.


I. Ceguera política y privatización del espacio público

Uno de los diagnósticos más agudos derivados de la entrevista es el contraste entre la previsibilidad de los problemas urbanos y la absoluta incapacidad de respuesta de las autoridades municipales. La recurrente crisis de combustibles, como la escasez de diésel, gasolina y gas, que afecta al país no constituye un evento imprevisto. Durante décadas se supo que el modelo de dependencia de hidrocarburos colapsaría en algún momento y eso ya lo estamos viviendo. Una gestión política con visión de futuro habría consolidado de manera anticipada una red metropolitana de transporte ciclista segura y de bajo costo económico. Dicha infraestructura habría garantizado a la población trabajadora y estudiantil una alternativa independiente frente al desabastecimiento de carburantes. Sin embargo, la miopía institucional, la corrupción y los compromisos con los sectores comerciales de venta de vehículos e importación han paralizado cualquier planificación estratégica a largo plazo. Esta inercia estatal se ve reforzada por un arraigado sentido de propiedad privada sobre el espacio público por parte de ciertos sectores de transporte y juntas vecinales. Un caso emblemático citado por el entrevistado ocurrió durante la proyección del trazo de la ciclovía que atraviesa el Parque Virrey Toledo hacia la Avenida Perú. Un grupo de vecinos protestó enérgicamente argumentando que la infraestructura ciclista les “quitaba el derecho” a estacionar sus vehículos privados en la calle frente a sus viviendas. Este conflicto evidencia una distorsión profunda sobre la función social de la calle. Se asume que la calzada pública es una extensión del garaje privado, supeditando el derecho colectivo a una movilidad segura a la conveniencia individual del automovilista. La presión vecinal forzó el desvío de la ruta, demostrando cómo la falta de autoridad y pedagogía urbana cede ante intereses corporativos o particulares.


II. La política de la ilusión del progreso


La persistencia en la alcaldía de liderazgos tradicionales que replican esquemas de los años 90 e inicios de los 2000, basados en la construcción masiva de distribuidores, puentes y pasos a desnivel, responde a la máxima popular de que “las obras entran por los ojos”. Bajo esta lógica, la infraestructura no se diseña para resolver problemas estructurales de conectividad, sino para funcionar como un artefacto publicitario visual.
Un ejemplo crítico expuesto por Rodrigo Alejandro es la construcción del paso a desnivel ciclista en la Avenida Villarroel y Ramón Rivero, en la zona Norte de la ciudad. Esta obra, de elevadísimo costo económico, fue cuestionada formalmente dentro del Consejo de la Bicicleta por representantes urbanos, deportivos y turísticos.
Los colectivos argumentaron que los cuantiosos recursos destinados a ese único punto estratégico habrían bastado para financiar la consolidación de varios kilómetros de redes ciclistas interconectadas en la ciudad. La insistencia municipal en su ejecución respondió a la necesidad de contar con un escenario estético para ser fotografiado, con la finalidad de “tomarse la foto para la pose”, reduciendo la bicicleta a un adorno turístico, deportivo o recreativo e invisibilizando su función como transporte de masas.


III. Estrés laboral, violencia y los límites del punitivismo


El análisis de la interacción violenta entre automovilistas y ciclistas en Cochabamba requiere trascender la mera condena individual e indagar en las condiciones estructurales que moldean la conducta en la vía pública. La agresividad de los conductores de transporte masivo o privado no es un fenómeno aislado de maldad individual, sino el síntoma de un sistema de trabajo precarizado.
Los choferes operan jornadas laborales extremadamente extensas, expuestos al ruido, la congestión y un ambiente de alta presión psicológica. Al carecer de mecanismos institucionales o emocionales para canalizar dicho estrés, la calle se convierte en un escenario donde las pasiones desbordan la razón, poniendo en riesgo la vida del eslabón más vulnerable, estos son, el peatón y el ciclista.
Ante esta crisis de convivencia, la respuesta de las autoridades suele ser la emisión de medidas drásticas y punitivas, como la imposición de multas de hasta 10.000 bolivianos por invasión de ciclovías. Si bien las sanciones pecuniarias son necesarias, Rodrigo Alejandro advierte que un enfoque puramente recaudatorio y punitivo es incapaz de transformar los hábitos de la población. Lo anteriormente mencionado es un indicador de:
1.Falta de dimensión correctiva: Si la sanción no viene acompañada de una pedagogía vial explícita y de una reeducación del infractor, el cambio de conducta dura únicamente lo que dura la amenaza coercitiva del control policial.
2.Fragilidad de las leyes sin educación: La voluntad humana y el reconocimiento moral del “otro” como un semejante no se construyen a la fuerza. En cuanto el agente estatal o la amenaza de la sanción desaparecen, la mala costumbre retorna inmediatamente.
3.Pobreza de recursos y visión de corto plazo: La ausencia de programas educativos sostenidos responde a la escasez de recursos asignados por un municipio que prioriza el gasto en obras físicas visibles dentro de ciclos electorales de 5 años, despreciando la inversión en cultura ciudadana.


VI. Conclusión


Superar el colapso urbano en Cochabamba exige desmontar el modelo de desarrollo basado en la hegemonía del automóvil, la parafernalia política y la infraestructura espectáculo. El testimonio de Rodrigo Alejandro demuestra que la transición hacia una ciudad sostenible no es un problema puramente técnico o presupuestario, sino un desafío fundamentalmente ético, cultural y de prioridades políticas. Para construir una urbe genuinamente habitable y equitativa, es imprescindible avanzar hacia:
•Planificación con proyección de futuro: Trascender los horizontes electorales y las pugnas entre “políticos” de 5 años para consolidar una red ciclista integrada que prevenga las crisis energéticas y de transporte.
•Democratización del espacio público: Desmantelar el sentido de propiedad privada sobre las aceras, calzadas y la calle misma, priorizando las vías exclusivas de transporte limpio por encima del estacionamiento de vehículos particulares.
•Reforma pedagógica y empatía moral: Reemplazar el punitivismo estrictamente recaudatorio por políticas educativas continuas que entiendan la calle como un espacio de convivencia entre seres humanos con iguales derechos a la vida y la seguridad.
La bicicleta, entendida en su dimensión más profunda como tecnología de liberación popular y justicia ambiental, ofrece la oportunidad de reconstruir el tejido social de Cochabamba. Asumir su potencial es el único camino para dejar atrás la ciudad caótica y dar paso a un espacio urbano pensado por y para las personas.




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